
“...el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, entre cuyas obras no hay distinción, por su misericordia y su gran piedad, determinaron fundar y establecer esta Orden, llamada Orden de la Virgen María de la Merced de la Redención de los cautivos de Santa Eulalia de Barcelona” (Proemio de las Constituciones Amerianas de 1272).
La estrecha relación entre la Trinida y la Merced, miran a su momento fundacional. Nolasco ha recibido esta inspiración que el mismo Dios ha suscitado. El creador ve la situación del siglo XIII con una mirada amorosa, se compadece de la humanidad que sufre desgarrada por la guerra, la persecución, el marginamiento y lleno de misericordia envía a su siervo Pedro Nolasco, para que pueda ofrecer a los cautivos una senda de libertad y consuelo.
La Merced tiene como fundamento la misericordia. “La misericordia renueva y redime, porque es el encuentro de dos corazones: el de Dios, que sale al encuentro, y el del hombre. Mientras este se va encendiendo, aquel lo va sanando: el corazón de piedra es transformado en corazón de carne (cf. Ez 36, 26), capaz de amar a pesar de su pecado. Es aquí donde se descubre que es realmente una <<nueva creatura>> (cf. Ga 6, 15): soy amado, luego existo; he sido perdonado, entonces renazco a una vida nueva; he sido <<misericordiado>>, entonces me convierto en instrumento de misericordia.” (Papa Francisco. Carta Apostólica Misericordia et misera. N°16. Roma. 20 noviembre de 2016).
Como mercedarios sabemos que hoy más que nunca nuestro carisma fundacional ha vuelto a ser evidente, la persecución por la fe golpea al mundo cristiano en diversas áreas de la creación, varios organismos no gubernamentales, redes sociales nos informan de realidades dolorosas donde el ser humano ha perdido su sensibilidad y capacidad de respetarnos como personas. La fe debe ser motivo de unión y esfuerzo cotidiano por cuidarnos y proteger este gran Oikos que el Señor nos ha confiado.
Estas y otras situaciones que atentan contra la dignidad de la persona nos impelen como mercedarios a dar razón de ser de nuestra consagración, la actividad redentora que desarrollamos ennuestras obras carismáticas busca devolver a cada uno de los cautivos de nuestro tiempo una vida más humana donde la cercanía del Reino no sea una mera utopía.
Este trecho de camino no lo hacemos solos. También nos acompaña la dulce mirada de María, que es la Merced de Dios para los hombres.
Fuente: “La Merced en la liturgia. 2025-26”
