
Cada 16 de marzo la Familia Mercedaria celebra con gratitud el aniversario de la fundación de las Hermanas Mercedarias de la Caridad, congregación nacida en 1878, vinculada al carisma redentor de la Orden de la Merced.
La congregación fue fundada el 16 de marzo de 1878 por el sacerdote y canónigo Juan Nepomuceno Zegrí y Moreno, quien, inspirado por el Evangelio y movido por una profunda sensibilidad hacia el sufrimiento humano, dio origen a una comunidad religiosa dedicada al servicio de los pobres y necesitados. Ese mismo año, el 9 de junio de 1878, la congregación fue agregada a la Orden de la Merced por decreto del vicario general José María Rodríguez Bori, fortaleciendo así su vínculo con la tradición mercedaria.
Con el paso de los años, el instituto fue consolidándose en la vida de la Iglesia. El 25 de septiembre de 1900 recibió el Decretum laudis del papa León XIII, y el 24 de abril de 1901 obtuvo la aprobación definitiva de sus constituciones, confirmando oficialmente su misión y su servicio eclesial.
Una misión al servicio de la caridad
El fin específico de la congregación es la práctica de la caridad mediante el ejercicio de las obras de misericordia espirituales y corporales. Las Constituciones expresan esta misión así: La misión a que está consagrada esta Congregación es la práctica de la caridad, ejerciendo las obras de misericordia espirituales y corporales en la persona de los pobres, sirviéndoles en los hospitales, hospicios, escuelas y en cuantas obras puedan redundar en beneficio de la humanidad enferma, necesitada y desamparada. Curar todas las llagas, remediar todos los males, calmar todos los pesares, desterrar todas las necesidades, enjugar todas las lágrimas, no dejar si posible fuera, en todo el mundo, un solo ser abandonado, afligido, desamparado, sin educación religiosa y sin recursos.
Este servicio busca aliviar el dolor humano en sus múltiples formas: sanar heridas, acompañar el sufrimiento, aliviar las necesidades y ofrecer esperanza a quienes viven situaciones de abandono o precariedad. En esta entrega generosa se manifiesta el deseo de no dejar, si fuera posible, a ningún ser humano desamparado, sin consuelo o sin acceso a una formación que le permita desarrollarse plenamente.
Un carisma de caridad liberadora
El carisma de las Hermanas Mercedarias de la Caridad se expresa como un servicio amplio y generoso orientado a la plena liberación de la persona humana. Entre sus elementos fundamentales destacan la vivencia de la caridad como servicio, la consagración a Cristo para participar en su obra redentora y la profunda devoción a la Virgen María bajo la advocación de la Merced.
Siguiendo el lema dejado por su fundador: hacer todo “por el bien de la humanidad, con Dios y por Dios”, las religiosas buscan responder a los desafíos de cada tiempo con una presencia cercana a quienes más necesitan acompañamiento, cuidado y esperanza.
Presencia en el mundo
Hoy la congregación continúa desarrollando su misión en diversos países de Europa, América Latina y África, donde las Hermanas Mercedarias de la Caridad mantienen viva la inspiración de su fundador a través de obras educativas, sociales, sanitarias y pastorales.
Con cerca de 150 comunidades religiosas y alrededor de mil hermanas, la congregación sigue siendo un signo concreto del amor misericordioso de Dios en medio del mundo, prolongando el espíritu redentor propio de la tradición mercedaria.
En este nuevo aniversario de su fundación, la Familia Mercedaria eleva una oración de acción de gracias por la vida y misión de las Hermanas Mercedarias de la Caridad, pidiendo al Señor que continúe bendiciendo su servicio generoso a favor de los más pobres y necesitados.
Fuente: Secretaría Pastoral Provincia Mercedaria de Chile.
